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36.
En el universo de los besos no hay dos iguales, son todos únicos. Su diferencia y particularidad obedece a que ni las condiciones ni el lugar ni el momento ni los besantes pueden repetirse ni reproducir otro exctamente igual.
Dentro de esta infinidad de únicos podemos, eso si, establecer categorías; entre ellas destaco hoy la de los besos “pesados”. Son esos que se producen de forma inesperada, después de un abrazo de despedida, cuando la última palabra ya se dijo, y que de pronto, como un último gesto llega directo a la mejilla con una presión ligeramente superior al roce, una duración del contacto infinitesimalmente más prolongada que lo usual y un sonido sordo que se trasmite por la osamenta, que los redirige directamente desde la categoría de “ligeros”, a la otra; y es que esos se te quedan pegados a la mejilla al menos 3 días.

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