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27.
Dicen que el mejor momento para que te salgan las alas es justo cuando vas a necesitarlas. Antes son un verdadero engorro. Nunca sabes qué hacer con ellas. No encuentras qué ponerte, siempre tropiezas con las puertas, lo vas dejando todo perdido de plumas y si te olvidas puedes sacarle un ojo al vecino.
Pero cuando te lanzas al vacío y el aire ejerce suficiente presión, te salen un par de alas espectaculares. Duele un poco, ¡claro!, pero enseguida se pasa. Y cuando llevas un ratito planeando te olvidas de todo, incluso de que hubo un tiempo en el que sólo caminaste cuando podrías haber estado volando.

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